¿Por qué un joven de 33 años está dispuesto a modificar radicalmente su ecosistema laboral-familiar, caracterizado por un relativo bienestar y la posibilidad de disponer de tiempo de calidad, por un nuevo sistema que le quita comodidad y le agrega incertidumbre? Si a esa situación se suma que el estímulo material no representa un salto significativo, la ecuación se torna más deficitaria. Y si además el nuevo ámbito laboral es demonizado por los grandes medios y hasta por el relato liberal del Gobierno nacional, entonces una decisión de esta naturaleza parece una locura.

Sin embargo, para el flamante secretario general de la Unión Trabajadores de Entidades Deportivas y Civiles (UTEDyC) seccional Viedma, Ezequiel Urrutia, existe un sistema de valores y de prácticas que aplicadas al sindicalismo, convierten esa actividad en una herramienta de transformación colectiva. En esa convicción habita la razón que lo empujó a participar en una elección interna difícil para obtener el cargo. Y desde ese ideario proyecta los cuatro años de una gestión que comenzó en la víspera de Navidad.


UTEDYC representa a trabajadoras y trabajadores de clubes, colegios y cajas profesionales; de los empleados de los sindicatos, hoteles sindicales y colonias de vacaciones, de fundaciones, cooperativas, bibliotecas, asociaciones civiles sin fines de lucro, clubes de campo, barrios cerrados, mutuales, clubes de fútbol, de instituciones dedicadas a la actividad deportiva con o sin fines de lucro, de organismos no gubernamentales de carácter civil, entre otras


A pesar de su juventud, Urrutia milita «hace más de quince años en el sindicalismo», como él mismo da cuenta en el mano a mano con Off Topic. El 15 de septiembre pasado se impuso en las elecciones internas por apenas 39 votos a la ex titular del sindicato, Virginia Campisi. Ese momento fue el corolario de una larga e intensa campaña que demandó un año de dedicación casi exclusiva: la familia, los amigos y la recreación fueron perdiendo protagonismo en una agenda cada vez más atravesada por las exigencias y las actividades electorales.

La asunción realizada en el salón de UPCN de la capital provincial fue un acto institucional breve y conciso, austero y marcado por la heterogénea confluencia de dirigente sindicales, funcionarios de dependencias del Ejecutivo nacional, dirigentes políticos locales y trabajadores. En su discurso, Urrutia casi se quiebra cuando mencionó la situación de los 35 trabajadores despedidos por Fabricaciones Militares en la víspera de Navidad. En ese gesto espontáneo es posible vislumbrar las razones que movilizan a un joven y a su familia a comprometerse con un desafío para nada fácil: conducir un gremio en la Argentina liberal del ajuste y la flexibilización puede ser una tarea titánica. Una responsabilidad que se dificulta aún más porque la construcción simbólica que baja desde la cúspide del poder político estigmatiza a aquellos dirigentes sindicales que expresan una voz disidente. «Mafia», fue el calificativo usado por el presidente Macri en varias ocasiones.


UTEDYC cuenta en la actualidad con 44 Seccionales, 1 Subcomisión de Rama por Reunión y 10 Delegaciones en todo el país.Tiene una totalidad de 710 dirigentes integrantes de Comisiones Directivas locales y Consejo Directivo Central y 1.529 delegados en todo el país. Representa a 150.000 trabajadores/as (declarados por los empleadores, entre afiliados sindicales y aportantes). El sindicato cuenta con 39 Convenios Colectivos de Trabajo firmados, entre los CCT por actividad y los CCT por empresa


Sin embargo, Urrutia parece dispuesto a afrontar las dificultades y evidencia seguridad conceptual y un anclaje filosófico bien definido: tanto en su asunción como en la charla con Off Topic, su discurso pivoteó en conceptos como conciencia de clase y unidad de los trabajadores, e inclusive enfatizó en la necesidad de «ganar la calle» como herramienta para preservar derechos adquiridos.

Combativo pero reflexivo, Urrutia también subrayó la necesidad de un «mea culpa» de la dirigencia sindical: puntualizó que a lo largo de la historia sobran los ejemplos de gremialistas corruptos y aquellos que traicionaron «a las bases». Pero en la misma línea discursiva, reivindica la actividad sindical «como una herramienta de transformación e inclusión».

Apenas finalizado el acto de asunción, el joven viedmense recibe abrazos: amigos, familiares, colegas, compañeros. Parece desinflarse, como cuando alguien se saca un peso de encima. Y no para de sonreír. Algunas horas después colgará un textual en Facebook: «Feliz». Lacónico pero lo suficientemente denso para graficar el momento. Sin embargo, Urrutia expresa una certeza más grande que su felicidad. Sabe perfectamente que el trabajo que tiene por delante está lleno de obstáculos, algunos inmensos, pero también es consciente que en esas dificultades constitutivas radica el sentido de la existencia de los de su clase: los trabajadores.

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