Mientras en el Senado, allá en Buenos Aires, las senadoras y los senadores sostenían una discusión que ya es vieja, en la Plaza San Martín de Viedma el viento frío de la Patagonia y la certeza in crescendo de que la ley de aborto legal, seguro y gratuito sería volteada por 38 dinosaurios, no podían impedir la militancia exultante, convencida y comprometida de las pibas. La plaza lucía verde y transpiraba la emoción que sólo contagian los días históricos.

Y este 8 de agosto de 2018 es histórico. Porque es el comienzo. Y el fin.

Es el cominezo de dos certidumbres
1.La entrada del feminismo como movimiento político central del siglo XXI
2.La legalidad del aborto. Quizás no hoy, quizás no mañana. Pero, en serio, eso no es lo más importante.

 

Las multitudes que desbordaron las plazas de todo el país dan cuenta de una cuestión más trascendente, y es que las mujeres lograron revitalizar lo político entendido como la dimensión ontológica en la que se instituye la sociedad. Completaron con éxito todo el recorrido: el compromiso con una problemática que determina la vida de un colectivo, la organización en torno a ello, la lucha para visibilizar la causa, la lucidez intelectual para otorgarle volumen cualitativo, el coraje para defenderla, la inteligencia para llevarla a los ámbitos correctos, la voluntad de incluir y complejizar los debates.


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Y al mismo tiempo, el 8/8/18 certifica el final de una era. Porque el aborto es, en sí mismo, desobediencia; una desobediencia sexual, social, y politica que trastoca el paradigma de la obligatoriedad de ser madre y, así, pone en discusión a las grandes instituciones que sostienen y despliegan el machocentrismo capitalista

Por eso, si al final es derrota en el Senado, igual hay que celebrar. Porque el patriarcado se va a caer. Más temprano que tarde. Y el ruido va a ser grande. Tan grande como dos galaxias.

Aborto legal feminismo como respuesta

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