«En la democracia contemporánea del ya entrado siglo XXI, la cuestionada representación política democrática parece mutar y expresarse de nuevas formas, pero nunca desaparecer. Y probablemente esa mutación agrave la tensión constitutiva de la democracia modera y la lleve a dejar de ser representativa de un demos, para pasar a ser representada por un grupo que actúe en su nombre pero no en su interés. Me temo que esta amenaza parece haber llegado para quedarse y que, por lo tanto, deberemos convivir y dar cuenta de ella en el futuro».

Guillermo Jensen, Investigador del Programa de Estudios Políticos (FLACSO-Argentina)


No se trata de un anuncio oficial pero no por eso carece de contundencia. Alberto Weretilneck decidió postularse para un nuevo período de gobierno, el tercero, a pesar del explícito artículo 175 de la Constitución de Río Negro. “Este es mi primer mandato como gobernador”, disparó AW y desnudó en público su intención de forzar una interpretación jurídica para desmentir lo que en los hechos y a los ojos de lxs rionegrinxs es una realidad absoluta: acumula dos mandatos de gobierno, casi ocho años en los que los problemas estructurales no han sido abordados con la calidad político-institucional esperada.

Constitución Río Negro
Artículo 175. REELECCIÓN
El gobernador y el vicegobernador pueden ser reelectos o sucederse recíprocamente por un nuevo período y por una sola vez.

Si han sido reelectos o se han sucedido recíprocamente, no pueden ser elegidos para ninguno de ambos cargos sino con un período de intervalo.

La proclama, que activa todas las alarmas del sistema porque lo desafía desde el decisionismo, enciende un debate que necesariamente debe exceder los exiguos límites de la clase política y debe pivotear sobre un tópico: la confiabilidad de Weretilneck como expresión de la democracia representativa.

En la misma entrevista en la que anunció su carrera hacia un nuevo período de gobierno, Weretilneck casi que confirmó que serán derogadas las Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias (PASO) y dejó entrever la posibilidad de incluir el balotaje. «Yo lo defiendo (al balotaje) porque creo que hace que se perfeccione la mayoría. El hecho de tener que lograr más del 50 por ciento de los votos hace a un gobierno fuerte».

Los argumentos que desliza el Gobernador para defender su estrategia están vinculados al fortalecimiento democrático. Por supuesto que no es posible negar de plano esa voluntad. Pero también es cierto que, en los más de siete años que lleva de gestión, no utilizó las herramientas político-institucionales que tuvo a disposición para presentar el debate a la sociedad y al sistema político. Entonces, hacerlo justo antes del comienzo del período electoral parece una decisión más ligada a la especulación electoral que a la necesidad de encauzar un debate institucional en términos colectivos, conducirlo desde una perspectiva de derechos y con una voluntad de trascender la coyuntura.


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Nada de eso es lo que está ocurriendo.

El Gobernador fuerza el sistema y empuja a lxs rionegrinxs hacia una encrucijada. Porque es la pura necesidad política de Weretilneck, la de mantener su proyecto de poder, la que motoriza la judicialización de la política y busca introducir modificaciones estructurales de último momento.

Se impone, entonces, una pregunta: ¿es confiable un dirigente que, concentrando en su persona buena parte del poder público, hace gala de un decisionismo que amenaza con reducir el sistema de representación rionegrino a una pantomima, un circo solamente funcional a las necesidades de una persona y/o grupo?

LA DERROTA NUCLEAR COMO EJEMPLO

Como en el conflicto por la central nuclear, Weretilneck exhibe un comportamiento bipolar. No hay certezas de largo plazo en ninguna dimensión: ni política, ni filosófica, ni ideológica, ni institucionales. Todo se reduce a la necesidad coyuntural. Sólo basta con hacer memoria para corroborarlo.


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A principios de 2017, Weretilneck defendía la construcción de una central nuclear en la provincia e invisibilizaba primero, y estigmatizaba después, a aquellos ciudadanos que se oponían. Pero después de la catastrófica derrota en las PASO, se vio forzado a cambiar radicalmente su práctica política e institucional. El argumento esbozado para justificar la voltereta fue la ausencia de «licencia social». Pero la verdad es que la opinión y la participación ciudadana en aquel debate nunca fueron relevantes para el Gobernador. AW intentó imponer una política pública a través de la prepotencia. Subestimó a los rionegrinos y los excluyó de la discusión. En lugar de representarlos y abrir un diálogo colectivo en torno a un tema sensible, su práctica política procuró recortar el ejercicio de construcción de ciudadanía. Y dio marcha atrás sólo cuando su pura necesidad política, mantener su proyecto de poder, se lo ordenó.


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Ahora, con el tópico de la posible re-reelección, sucede exactamente lo mismo. “Así como está la Constitución no puedo ser candidato y tampoco aspiro a serlo. No tiene sentido analizar una cosa de esas, porque tampoco tengo previsto reformar la Constitución”. Esto es lo que decía Weretilneck el 16 de noviembre del año pasado. Sin embargo ayer, exactamente un año después, afirmó que «tiene ganas» de ser nuevamente candidato porque «como gobernador fui electo una sólo vez».

¿Qué pasó? ¿Reformaron la Constitución y no nos enteramos? ¿O la Constitución importa poco y lo que prima, otra vez, es la necesidad política de AW?

Weretilneck re-reelección
Weretilneck re-reelección

EL PODER Y EL BIEN COMÚN

El proyecto de poder de Weretilneck y Juntos Somos Río Negro tiene una fecha de defunción inevitable en 2019, salvo que el propio AW sea el candidato. Una nueva presentación del cipoleño evitaría la diáspora y mantendría competitivo al partido de gobierno. Durante 2018 el Gobernador imaginó y testeó alquimias electorales con diferentes dirigentes de su escudería. Ninguna de ellas era competitiva ante Martín Soria, el candidato del panperonismo. Y los trabajos encargados a diferentes consultoras en los últimos dos meses ratificaron que la única posibilidad de disputar en serio contra el peronismo es optar por un tercer período de gobierno de Weretilneck.

Aquella parece ser una buena razón. La verdadera. ¿Es ilegítima? No, por supuesto que no. La política también es disputas de poder, por lo que es deseable que los espacios políticos expresen la voluntad de participar de ese debate. ¿Es ilegal? Bueno, es sabido que la cuestión de las legalidades están siempre sujetas a tensiones, debates, batallas en diferentes ámbitos institucionales. Por supuesto que tenemos estructuras jurídicas y marcos normativos que definen y diferencian lo legal de lo ilegal. Pero el derecho no es absoluto ni estático. Y en cuestiones de interpretación, las relaciones de poder y sus equilibrios son, siempre, más relevantes que la lógica abstracta de la estricta teoría.


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Weretilneck entiende que puede forzar una interpretación de la Constitución («Es mi primer mandato») y va a especular con eso: con los tiempos procesales y con la rosca política que coloniza a los poderes judiciales. AW cree contar con una llave para destrabar el conflicto a su favor en la eventual instancia de la Corte Suprema de la Nación. Parece una movida de Frank Underwood. O de la expresión argenta del personaje de House Of Cards. Pero eso sólo sucede en Netflix. ¿Verdad?

Entonces, si la jugada de Weretilneck es legítima desde una perspectiva filosófica de la práctica política, y la cuestión de la legalidad es un espacio en permanente tensión: ¿qué es lo que está mal?

Nicolás Maquiavelo es considerado uno de los padres de la ciencia política moderna. Fue quien introdujo la noción del poder como el vector central de la práctica política. Tanto es así que sostenía que la moral y la política eran esferas separadas, y que el político perseguía un único objetivo: alcanzar, administrar y ampliar su poder.

Weretilneck re-reelección
Parecidos? Foto AW: Gonzalo Santos. Foto CM: Web. Edición y arte: Gonzalo Santos

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Sin pretender ubicar al señor Weretilneck a la altura de Maquiavelo o Loenzo De Médici: ¿el Gobernador no intenta hacer lo que indica el manual universal del político moderno? Sostener y ampliar su poder. De eso se trata, ¿no? En principio hay una coincidencia absoluta. Sin embargo, el filósofo italiano del siglo XV explicó en esa tesis (El Príncipe) que la concentración de poder debía perseguir un fin: el bienestar general. Sólo la persecución de ese propósito justifica la avidez de poder. En ese sentido: ¿podría afirmarse que el Gobernador despliega su tácticas en función de la consolidación del bien común de los rionegrinos? O mejor: ¿ha demostrado, en sus dos períodos de gobierno, capacidad de delimitar institucional y conceptualmente de qué se trata el «bienestar general» de los rionegrinos?

La historia reciente y la actualidad vinculan a Weretilneck con un dirigente apremiado, oscilante y poco confiable, cuyas decisiones conceptuales están siempre más vinculadas con la necesidad de supervivencia propia y la especulación que con la consecución y consolidación del bienestar general. Por eso, al revisar el entramado de lo que parece una decisión tomada (forzar el sistema para participar del turno electoral por una re reelección), es difícil ubicarla como parte de un proceso de institucionalización de la ciudadanía y el Estado de derecho.

Una vez más, Weretilneck aparece como el garante de las demandas de un grupo que actúa en nombre de los representados -lxs rionegrinxs-, pero no en función de sus intereses.

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