Se reían. Se abrazaban. Se elogiaban. Se festejaban. El macrismo en pleno se mostró en Viedma en un acto de campaña en el que confluyeron Miguel Ángel Pichetto y Alberto Edgardo Weretilneck, con Pedro Pesatti como aplaudidor principal en el escenario que completó Rogelio Frigerio, ministro de Interior.


Se trató casi de una especie de festejo entre funcionarios y dirigentes del macrismo con presencia de representantes del Gobierno provincial, del Ejecutivo nacional y del Municipio. Los elogios atravesaron el salón de Los Aromos, ahí abajo del histórico puente ferrocarretero. La pregunta es: ¿qué festejaban? Porque esa felicidad rosquera que compartían estaba despojada de la presencia de ciudadanos o militantes. Solo políticos y periodistas. Todos los que concurrieron saben perfectamente que Pichetto, que tiene menos territorio que una maceta -Asís dixit, es repudiado por la inmensa mayoría de los rionegrinxs; y todos los que participaron del acto, también comparten otra certeza: Río Negro es una de las provincias más anti Cambiemos.

Pichetto Weretilneck Viedma

Encerrados entre ellos crearon un microclima propio. Entre sus certezas reaccionarias y sus condescendencias en loop, el ámbito parecía copado por una textura bien espesa. Casi como la de un cabaret del interior profundo, entre la felatio colectiva y el falso amor jurado sobre unos cuantos billetes. Acabaron todos. El problema es que no se trató de un acto de amor o lujuria colectiva, sino más bien de un ejercicio de auto satisfacción individual. Porque, insisto, la pregunta es ¿quién goza? ¿quién disfruta? ¿a quién se están garchando sin consentimiento?


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De nuevo: no hubo en Los Aromos expresiones populares, vecinos o vecinas, militantes u organizaciones intermedias. No hubo amor. Sí hubo dirigentes. Muchos. Todo se redujo al intercambio porno de Weretilneck y Pichetto. Un porno grotesco. Machirulo. Impostado. Mal actuado. Eran dos desclasados jurándose lealtad en el mismo acto en el que certificaron la traición a sus postulados.

Por un lado W, haciendo campaña para una fuerza nacional, el macrismo. ¿Y el provincialismo dónde quedó? Y ni intenten balbucear inconsistencias institucionalistas que sólo pueden aceptar tres tipos de personas: los fanáticos, los periodistas obsecuentes o los imbéciles. Y por otro lado Pichetto, que atraviesa un momento pletórico de su vida política, y se desliza entre el anacronismo de refritar la guerra fría y un agonismo de derecha que roza el totalitarismo. Estoy tentado de decir que parece un viejo gagá, pero mejor no lo digo (¿?). En realidad es un Pichetto auténtico: reaccionario e inteligente, radicalizado, se pasea orondo haciendo campaña por la coalición política más antiperonista desde la Unión Democrática. ¿Y dónde quedó la racionalidad de Miguel Ángel? En el mismo lugar donde guardó el pin del Partido Justicialista.

Así fue el acto de falso amor entre W y Miguel Ángel. Casi una peli porno de la década del 70. ¿A quién estarán garchando sin consentimiento?

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