Al margen de los argumentos oficiales que exponen la cuestión sanitaria y la voluntad de «ahorrar recursos», la razón es eminentemente política: Juntos Somos Río Negro promueve la suspensión de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) basado en su necesidad de gestionar un esquema que quiebre la polarización que existe a nivel nacional y así evitar la pésima performance de 2017, cuando después de una primera vuelta escuálida (17% de los votos obtuvo Fabián Gatti, el candidato promovido por Alberto Edgardo Weretilneck), se vio obligado a retirarse de la contienda.

PASO Río Negro

Aquella decisión de W, que implicó un acuerdo electoral con el macrismo para evitar que el peronismo obtuviese las dos bancas en juego (María Emilia Soria obtuvo un arrasador triunfo en toda la provincia), tuvo consecuencias políticas directas hacia el interior de JSRN, que es lo mismo que decir hacia adentro del Ejecutivo provincial: el entonces Gobernador cambió a los ministros de Economía (entró Agustín Domingo, a la postre el ideólogo del Plan Castello y que el año pasado fue expulsado del Gobierno por Arabela Carreras) y de Desarrollo Social (ingresó Nicolás Land, otro desterrado por Arabela durante la pandemia); expulsó a Matías Rulli de la secretaría General y promovió al ministerio de Turismo a…Arabela Carreas, actual mandataria provincial.

Si bien la derrota en la elección legislativa marcó el punto más bajo del ciclo de W y generó ruidosos movimientos internos, la crisis no golpeó de lleno al actual Senador por una simple razón: la estructura política de JSRN no tenía ningún foco potencial de liderazgo alternativo, a pesar de la siempre despreciada (por sus propios camaradas de partido) voluntad de Pedro Pesatti por erigirse como opción.


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El contexto actual es diferente porque las tensiones hacia el interior de JSRN son notorias y cada vez más intensas.

La imposible división del trabajo que las voces oficialistas plantean, algo así como Arabela al Gobierno – W al poder, es el problema político medular y la síntesis del novedoso tiempo histórico del universo verde. Y si bien la primacía del cipoleño aún es indiscutible, una performance similar a la de 2017 podría tener, esta vez sí, algunas consecuencias políticas algo más severas que un recambio de funcionarios digitado en soledad por el jefe indiscutido.

En ese potencial peligro de desequilibrio interno radica la verdadera razón de JSRN para formar parte del coro de oficialismos provinciales que le pidieron al presidente Alberto Fernández la suspensión de las PASO.

EL POR QUÉ DE LOS/LAS GOBERNA

¿Por qué la mayoría de Gobernadores y Gobernadoras entienden que suspender las PASO los beneficiaría? Hay dos teorías. Consideran que si no hay primarias, los comicios son más fragmentados por las fuerzas que participan y se evita la polarización extrema que, en definitiva, puede perjudicar a los oficialismos provinciales. En caso contrario, las PASO sirven como una encuesta que, según los resultados, puede terminar modificando el resultado electoral de las generales.

La otra idea que gira entre los mandatarios es que con las PASO les facilitan el armado electoral a los opositores. Las primarias les permiten a la oposición ordenarse y llegar con un solo candidato a la general. Entonces, otra vez entra en juego la polarización. Todos los votos en contra de los oficialismos pueden aglutinarse detrás de la oposición. Si no hay PASO, aumenta la dificultad para los arreglos internos en la vereda opositora y existe la posibilidad de que se fragmenten y se presente más de un candidato.

LA NECESIDAD

Ni el contexto epidemiológico/sanitario ni el repentino amor por el ahorro de recursos en clave antipolítica. La verdadera razón es la necesidad política. Y en principio, Arabela y W confluyen en ese apuro.

Asfixiada por la pandemia, el fuego amigo e incompetencias propias para la gestión, la Gobernadora tuvo un primer año turbulento que se refleja en los preocupantes números que reflejan todas las encuestas en relación a su imagen y aprobación de gobierno. Un buen resultado en el turno electoral, jugando en sintonía con Alberto Fernández, se convertiría en un respaldo para su gestión (constante y sonante).


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Weretilneck, en tanto, debe demostrar que tiene la capacidad necesaria para conducir constructivamente un partido que, por primera vez, se parece a algo más que a una organización familiar que gira en torno a un patriarca, ahora con la necesidad de establecer mecanismos de división de trabajo efectivos y sistemas de legitimación internos que excedan el dedo todopoderoso.

La elección legislativa aparece entonces como un monstruo de dos cabezas: por un lado ofrece el escenario ideal para lograr esa síntesis y profundizar el iderazgo de W; pero, sin embargo, repetir una pésima elección de candidatos que desemboque en una nueva derrota, podría significar una primera fisura en la, hasta ahora, elogiada mística electoral del exgobernador.

¿Y EL PERONISMO?

Mientras tanto el peronismo rionegrino parece, una vez más, deambular en la inercia que el oficialismo provincial gestiona. Por supuesto, al formar parte de un amplio frente que dio origen a un gobierno de coalición, los y las justicialistas tienen la difícil tarea de hacer equilibrio entre las necesidades de la superestructura nacional y las exigencias propias de la construcción y acumulación en Río Negro.

Pero puesto ante esa encrucijada, una vez más, el peronismo parece optar por la sumisión a las decisiones de cúpula que se cocina en Buenos Aires.

La conducción partidaria, en manos de Alejandra Más y el intendentismo que sostiene a Martín Doñate como candidato a gobernador, nada dijo al respecto. El bloque de legisladores, conducido por la barilochense María Eugenia Martini y por el eterno Alejandro Marinao, tampoco se expidió. La fantasmagórica Liga de Concejales (¡que generosa es la política a veces!), que lo único que puede hacer es emitir comunicados, no ofreció ninguno al respecto.

El problema excede largamente la coyuntura electoral, porque la dificultad de construir perspectivas y prácticas políticas híperlocales y con cierta autonomía de lo que resuelva Casa Rosada no sólo es una deficiencia inmanente al panperonismo rionegrino, sino también la demanda más desplegada del electorado a la hora de decidir, especialmente en los turnos en los que hay que elegir gobernador/a.

DE CONCERTACIONES Y AUTONOMÍA

Con repasar brevemente la historia de los peronismos provinciales más exitosos, bastará para encontrar una constante: la autonomía (en mayor o menor medida) que se reservan para las cuestiones ligadas a la construcción y acumulación política y territorial (que incluye el armado de listas, por ejemplo).

Esa autonomía relativa permite a los peronismos provinciales exitosos desarrollar criterios propios, que se erigen en torno a una certeza que acá en Río Negro parece no comprenderse: el peronismo no funciona como un partido nacional. Como contrapartida, puede afirmarse que el peronismo es una liga de partidos provinciales que generalmente confluyen con éxito en elecciones donde se elige presidente.

Al no existir sistemas de legitimación y prácticas de construcción y acumulación con criterio nacional, en el marco de un país hiper presidencialista como el nuestro, cuando hay un presidente o presidenta peronista la Casa Rosada se convierte en la sede del partido.


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El problema, entonces, lo tienen los peronismos provinciales que atan su suerte exclusivamente a las indicaciones que bajan desde la Rosada. El contexto actual es ideal para graficar ese sistema. Con un Presidente sin construcción territorial propia, la concertación con gobernadores y gobernadoras, especialmente con aquellos/as que pertenecen a partidos provinciales, es la principal herramienta política de acumulación propia.

Nótese que se habla aquí de construcción y acumulación política. La gestión, defensa y expansión de políticas públicas se ubica en otra dimensión que tanto JSRN como el Frente de Todos han usufructuado relativamente bien durante 2020 (especialmente la gobernadora Carreras).

Es innegable la racionalidad que prima en un presidente como Fernández, cuando opta por afianzar la vinculación política con mandatarios provinciales. Es entendible. Pero esa estrategia es intrínsecamente lesiva para las aspiraciones de los peronismos provinciales que son oposición.

ANIMARSE A HACER

Con todo el sistema normativo provincial funcionando inercialmente en modo oficialista, y con una visiblemente cordial relación política entre JSRN y la Casa Rosada, el campo sobre el que el peronismo puede construir se achica considerablemente.

Por eso se impone para el peronismo rionegrino, de manera fulminante, la necesidad de consolidar ciertos criterios y prácticas que le otorguen identidad y autonomía. Aspiración que lejos está de significar ruptura alguna con el frente y la coalición de Gobierno al que pertenece; al contrario, esa decisión se enmarcaría en la búsqueda de aportar valor agregado en lugar de habitar el Frente de Todos con una inercia parasitaria.

El legislador Pablo Barreno parece inscribirse en esa voluntad de encontrar nuevos equilibrios y prácticas en el peronismo provincial. Por eso sus declaraciones en las que reivindicó el valor político de las PASO sacudió el sistema rionegrino, especialmente ante la ausencia de sus compañeras y compañeros.

Lo que el viedmense parece querer impulsar son pautas para fortalecer el peronismo de Río Negro, para ampliar su sistema de legitimación interno y para no dejar que el justicialismo sea arrastrado por las inercias: las del sistema normativo provincial y por las necesidades de la centralidad de Casa Rosada.

"LAS PASO SON UNA EXCELENTE HERRAMIENTA PARA EVITAR QUE 4 VIVOS SE APROPIEN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS"

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